¿Te pesa la vida?

¿Te sientes confundida/o y atrapado/a en temores?

¿A quién no le engancha la confusión y el dolor de forma inesperada y aparentemente repentina? Es un «mal» que nos «cae» a todos cuando menos lo esperamos. Lo solemos interpretar como un agente externo de amenaza que consideramos tiene base real. Cuando estás por dentro a punto de explotar, cualquier incidencia mínima del escenario de tu vida, lo vivimos como un «drama nacional» con toda la lógica, porque nos creemos de verdad, que la amenaza viene de fuera.

Por supuesto, existen amenazas reales, si el tiesto de una ventana está a punto de caerte encima, eso es real, sin lugar a dudas, y tu organismo está dotado de la naturaleza preservadora que te hará salir corriendo para esquivar el golpe.

Pero no siempre hay base externa para localizar las amenazas, la mayoría de las veces, vivimos en un estado de estrés interno por los miedos que se nos activan, de tal manera, que cobran «cuerpo», y empiezan los dolores a la carta y el estado de angustia «hecho carne», es ahí cuando contestamos fuera de tono a un «hola» por ejemplo.

Párate a pensar, párate a sentir, qué llevas arrastrando como carga natural y cómo has aceptado con total naturalidad soportar pesos que ralentizan tu camino, tu vida. Pregúntate qué das por supuesto que a ti te toca hacer o sostener, ¿ eres el que siempre se encarga del perro? ¿del café? ¿ de hacer el trabajo «sucio» que nadie quiere? ¿te encargas siempre de aportar la serenidad? ¿la alegría? ¿la responsabilidad?.

Si de verdad haces una reflexión sincera del papel que desempeñas en tu vida, observarás que sin darte cuenta, te has metido en un bucle de conductas que se esperan de ti, o que tu te has impuesto para «ser bueno/a». Paparruchas, créeme, «ser bueno/a» no es cumplir la lista de tareas, que te han vendido que hay que hacer para ser querido/a.

Ser bueno/a, empieza por ti, por hacerte la vida agradable, por no ceder a las exigencias que tu entorno, sin ser consciente muchas veces, te impone. Quererte es atreverte a sentir qué necesitas tú de ti, y darte el lugar en tu vida para explorar qué te hace feliz de forma auténtica, quizá sea convertirte en la cocinera oficial de la cena de Navidad, porque de verdad disfrutas con eso, quizás sea, delegar este año esa tarea de «chef» que te lleva ahogando todos estos años.

Explora lo que de verdad sientes en tu día a día, y qué barrotes hacen de tu vida una rutina «tormentosa» o «celestial», pero con los ojos abiertos a lo que de verdad quieres aportar, haciendo caso omiso de los «tienes que» que te han vareado toda la vida, y no parecen tener fin. Tu eres la única persona que puede poner fin a cumplir expectativas que no nacen de tu verdadera naturaleza.

El mundo, se pondrá «patas arriba», sin duda, porque no nos gusta la incomodidad, y si has servido toda tu vida a unos intereses que han considerado que te corresponde satisfacer por norma, no suele gustarnos que nos «quiten cacho», pero es la ley universal del respeto y el equilibrio entre no traicionarte tu y no traicionar a tus seres cercanos, lo que nos impulsa a ser libres y felices.

La verdadera cuestión que subyace a esta problemática es, ¿estás dispuesto/a a aprovechar tu vida y hacerla agradable? Si la respuesta es si, ésta es la mejor manera de hacerte feliz y hacer felices a los que te rodean, sin arrastrar cargas pesadas y molestas que te impiden avanzar.

Los que de verdad te quieren y respetan, tras una buena serie de pataletas y «arañazos», no sólo aceptarán tus límites, sino que tomarán buen ejemplo de ti, y seguramente comiencen su propio proceso de auto respeto, y despliegue de lo que les hace bien a ellos. Los que se queden por el camino, son piedras que sólo ocupaban volumen y gran peso en tu mochila, y te aportará alivio soltar esa carga. Aunque te sientas raro/a sin semejante carga, tu vida se hará mas liviana, ligera y sobre todo, felizmente llena de autenticidad.

Despréndete de lo que te pesa, y de quiénes se empeñan en pesarte. Eso es ser fiel a ti. Con certeza, el hecho de nacer trae consigo este derecho inalienable, y dile adiós a la culpa de hacer de ti una mejor persona. El mundo te lo agradecerá.

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